Bajo el título «Papeles sobre Velázquez y Goya», don José Ortega y Gasset reunió en volumen varios trabajos de distinta traza, que al plantear desde nuevos puntos de vista los temas tratados, ensanchan su ámbito.
El problema Velázquez está vivo e hiriente en la historia de nuestra cultura. Testimonio de cuán torpemente viene siendo estudiado lo deparan esos vigilantes celtíberos que, esgrimiendo su Velázquez como un hisopo, gesticulan frenéticos frente a cualquier tentativa innovadora. Hecho grave que obliga a preguntar ¿Por qué extraño cúmulo de errores y malas interpretaciones la figura de Velázquez puede ser entendida como la de un artista regresivo y hostil a la invención? A deshacer algunos de esos arraigados errores, de esas inveteradas patrañas, llega, cuando más falta hacía, el libro de Ortega.
Cuando más falta hacía, sí; pues en estos años asistimos en España a un nuevo abril de las artes plásticas, primavera dulce de promesas que pasa inadvertida para muchos, pero que ahí vibra, presagiando horas de madurez y cosecha. Y como otras veces, contra ese renuevo se movilizan aguerridas huestes utilizando el nombre y la obra de Velázquez a modo de poderosa máquina de guerra. La oposición Velázquez-arte actual, tan de mala fe establecida, la rechazan vigorosamente los artistas actuales, que se piensan tanto más velazqueños cuanto mejor cumplen la lección inventora y descubridora patente en la obra del genial andaluz. Porque buscan y encuentran, porque no se limitan a fotografiar la realidad, porque intentan hacer de cada cuadro una creación, los novadores están en línea (en la misma línea) con el pintor de «Las Meninas», y el grito de ¡Viva Velázquez! bien pudiera ser el significado santo y seña de su compañía.

